Acto Uno

ACTO UNO

1. HAY GENTE QUE HA PERDIDO EL SILENCIO
1
Hay gente que ha perdido el silencio.
Dispuestos a ametrallarnos, lanzan oraciones de inauditas proporciones.
Incrustan, sin clemencias, onomatopeyas y salivas sobre nuestras inocencias.
Incapaces de valerse de pausas, monopolizan versículos.
Vírgenes de intervalo, padecen de diarrea verbal.

2
Nos refriegan con sus collares de sílabas.
Con sus alfileres de vocablos.
Nos enferman con sinfónicos vademécums.

Jamás concluyen.
Dinamitan redondeos.
Conceptos o salidas, no hallan picaporte a sus jaulas.
No los alcanza nunca la traqueotomía.

3
Frases, antes que humanos.
Hijos vibrantes del debate.
Taquígrafos han salido de este mundo, por intentar capturar sus ristras.
Eternos caramelos de entreacto.
Cuchicheadores profesionales.
Llevan en la garganta el campanario de Notre Dame.

4
Siempre hay adverbios en sus bandejas.
Sustantivos, en sus cornisas.
Cataratan rosarios y crucigramas.
Somos las víctimas sin pararrayos de sus ilimitados duchazos.

Pergeñan simposios.
Bombardean nuestros bostezos.
Coplas y sermones rajan las paredes de nuestros hipotálamos.

Antes muertos, que admitir el punto y coma.
Siempre hay un sol donde explotar.
Una ardilla a quien robarle su nuez.

5
Convidarlos un café: es fallecer.
No hay escoba tras la puerta que los intimide.
Dispuestos a cazarnos como a un surubí, nos reducen a una oreja.
Procreados, ya no gritan: pontifican.

6
Sin semáforos, destrozan diccionarios.
Generan metástasis en los telégrafos.
Torpedean nuestra atención violando pochoclos en el cine.
Se nos caen los hombros del chaleco, por oír sus querellas.

7
Lenguas de Scrabble.
Ladrillos de Babel.
Nos empujan al estiércol de sus opiniones.
Son capaces de envejecer parados.
Feligreses de peluquería.
Patoteros de diatribas.
Sacamuelas ambulantes.
¿Qué chismoso no es portero?

8
Como un zapato que busca a su descalzo, se sirven de expresiones.
Andan sin alarmas.
Intercalan. Se discurren.
Obstruyen nuestras ensaladas.
Sólo somos los párrafos de los que logramos escapar.

9
Los platos sucios de sus ortografías agonizan sobre nuestras estúpidas mesas de anfitrión.
Manchado de gramática, nos dejan bautizado el sofá del comedor.
Por verlos llegar, las flores se suicidan arrojándose de los jarrones.
La polución de sus módulos acaba con nuestras cabelleras.
¿Acaso idiotas?

10
Invaden bibliotecas con el taladro de sus arritmias.
Nos infectan la calma, tosiéndonos telefonadas.
No los detiene ni su entierro: lápidas monumentales exigen sus cruzadas.
¿Acaso distintos?

11
Nos fijan a sus solapas.
Llevamos en el ojal, el clavel de sus pecados.
Nos clausuran al pantano de sus hilvanes.
Morimos en el maremagno de sus figuras.

12
Dios sabe que no llevan párpados los tímpanos.
Ha bajado a su hijo de la cruz.
Ya no por la corona de espinas, ni la violencia del látigo, o el vinagre en la garganta.
Dios Padre ha operado, y apartó sin titubear a su hijo de las bocas calcadoras, que entre babas y plegarias, rasguñan sus arrepentidos.
Nada es el acero, ante la kriptonita de quienes oran.
Imitemos al Eterno: huyamos con alevosía.

13
Se asemejan a nosotros. Se visten como tales.
A la vuelta de la esquina, dispuestos a atropellarnos, captan incautos.
Debemos estar alertas.
En el subterráneo: fingen desorientarse, por clavarnos sus disfraces de turistas huérfanos.
A zapatillazos. Eso: ¡apartémoslos!

Dotados de obesas estrategias, amenazan nuestros desayunos.
Con equipo de extinción, ahoguemos sus lujurias.

14
Feliz El Zorro, que mudo era Bernardo.
Valiente Beethoven, que nulo construyó su capitel.

15
Nos desviste la lengua
cuando emperifollados suponemos arropar.
Rumiamos la carne de pensamientos caídos.

Pero el pez vegetal habita en las profundidades.
Aguarda en los cimientos.
La piedra ha caído mar adentro,
y el silencio agoniza
en la boca de tu estómago.

2. ESPUMA
1
Quiero un colchón,
una rajadura,
una llave inglesa.
Que dejen de una vez de soplarme milanesas.

Los estribos de la cuna,
de la nuca,
de la Puna tucumana.

Sirvan, señores;
silben.
Retengan los buches,
los costados,
los candados.

¡Esmeraldas!
esmeraldas, quiero.
Una en cada verso,
en cada bigotito

Hurguen,
tiemblen.
corrompan soberanos.
Desnuden la coraza,
la cripta,
los manzanos.

Traigan parvas de ocelotes
Quiero uñas,
sándalos.
Un escándalo en cada picaporte.

2
Estoy completamente abducida.
Señorial, diría.
De frac,
de etiqueta en doble fila.

Pecaminosa hasta la barbarie,
hasta tu prontuario.

Oigan…
¡crujen los caminos!
¡Asesinos leberwurst!

Vagos de carretera,
echen a volar bombachas,
ensordezcan patos,
húndanse en medio de sus braguetas,
retrocedan mil,
y vuelvan a coger.

Bajen baratijas hasta el pie de la escalera.
Y puteen;
a viva voz, puteen el Himno de los Pollitos.

3
Traigan lijas,
un pasaporte por el orto me voy a pasar.
Dios es la cruz en su bandeja,
un semáforo de azúcar,
una lluvia desterrada…
derretida.

4
Las ramas no morderán nunca nuestra biblioteca

5
Suban,
desnúdense,
y empiecen a rezar.
Que el domingo es Reyes,
y mañana es Navidad.
(Aplaudir.)

3. MOLIDO, VIDRIO ESCONDIDO
(El escenario desnudo. Montada en un escalador aeróbico: practica y despotrica.)

1
ANAHÍ: Nunca.
Una tragedia así: nunca.

En El cangrejo rengo, sí.
El cocinero; un uruguayo.
Por venganza.

Ahora decime: ¿Así?
¿Contra todos?
¿Indiscriminadamente?
Once, sí.

¿Quién iba a imaginar?
Las veces que fuimos nosotros.
¡Y con las criaturas!

Mirá que chiste.
¡Hay que ser!
Así: nunca.

Si vino “Mónica”, de Buenos Aires.
Una semana de duelo.
En la tele. Todo.

2
El velorio lo hicimos en Arévalo.

¿Qué tiene? Era lo mejor.
Oíme, había que decidir.
Entre las dos y las cuatro de la tarde, las que estábamos en pie, corrimos las góndolas.
Los baldes, las ollitas.
¡La cantidad de termos que había!
Todos para la temporada.

Era el lugar más grande.
Sino íbamos a tener que andar de acá para allá.
¡Once!
¿Cómo hacés?

La visita, el pésame, un cafecito…
¿En una noche? ¿Once?
Imposible.

Los juntamos a todos.

3
¿Las viudas?
Todas mogólicas. No sé. Las drogan.
Yo también estaría deshecha, que querés. Si no me burlo.
¡Qué impacto!
Ver los cajones.
Uno al lado del otro. Un dolor.
Era como si estuviéramos todos desnudos.

4
Al Roque le tocó vidriera.
Los hijos de Shimmy lo que han llorado a lado de ese cajón,
no tiene nombre.

5
Pero yo digo:
¿Nadie se dio cuenta?
No sé… el gusto, la textura.
¡Nadie!

“Vidrio molido en el pastel de papas”.
Alguien tendría que haber reaccionado antes.
¡Como gatos!
A las diez cuadras todos muertos.
Todos hombres.

6
Yo ya no puedo tomar mate.
No sé. Será por los termos.
Pero no lo paso.

7
(Siempre sobre el escalador, avanza hacia otra esquina del escenario. Escalador y monociclo.)
Vamos. Le vas a dar una alegría. Pobrecita Marisa, está a la miseria.
A mí me da una pena. Es la que peor quedó.
El hijo: 11 años. Con el carrito.
Yo no sé cómo van a hacer.

Con mi marido, la ayudamos.
Yo le dije: “¿Y la Iglesia?”
Pero ella, no.
Orgullosa.

8
Estás linda.

9
Encima anda con eso de los dientes…
No le digas nada. Mirá que acá nadie se atreve.
¿Para qué? Si ella cree.
Ya que no cree en nada. Que al menos halle consuelo en eso.

10
A los siete días. La marea.
El mar. Enfurecido: pasó las carpas. Todo.
A la semana exacta.
Llegó hasta a la Principal.
Los del Embassy corrían el agua cuando la gente salía de ver El expreso de Chicago.

Tres días así estuvimos.
Embravecido.

Cuando bajó la marea, con mi cuñada fuimos a ver.
¡La mugre!
Una espuma oscura. Rara.

Había de todo: botellas de agua, ramitas, cascaritas.
Viste que el mar “devuelve”.
Te devuelve todo, el mar.

Menos al uruguayo, que sigo prófugo.
Devuelve todo.

11
Y caminando empezamos a encontrar:
que un rastrillito…
Que: “¡Mirá una palita amarilla!

Esos colores se distinguen enseguida.
Naranja-verde,
turquesa-amarillo.
Apenas escarbábamos, con un palito no más…
Moldecitos: ¡cantidad!
Dos paquetes de Fargo grande, juntamos

¡Sanos, eh!
Dos bolsas llenas. Del familiar.
De a uno.
Increíble.

Maria Paula, y la amiguita, estaban…
Nosotras para distraerlas un poco.
¡Lo que caminamos esos días!
Los del muelle no sabían qué hacer con tanto cornalito.
Un revoltijo trajo este mar.

12
(Canta:)
“Van por el bosque los cinco pollitos,
Pan, Pico, Paco, Piquito, y Piquín.
Buscan alegres pequeños bichitos
Pan, Pico, Paco, Piquito, y Piquín”
(Ríe.)

13
¡Pero mirá el peinado que te mandaste!
Es lo que usa. Hacés bien.

Y no. Acá no.
Gastás un platal, doblás por la Costanera,
y el viento te vuela la elegancia.
¡Para qué!
El agua dura. No sé. No hay manera.

14
Las nenas joden ahora, que: “Vamos a la playa”.
Ya no queda nada”, les digo.

Que quieren estrenar los chiches.
Y yo: “No, esperen al verano. Así cuando vienen las primitas: juegan”.
Viste como son las nenas.

15
Pero no. El problema ahí: es el padre.
Pobrecito, el Gordo, gana bien.
Buen sueldo.
Un pedante.

Yo les digo: “Cuando vengan las primitas sacan las bolsas, y se las chantan en la cara”.
Porque el verano pasado fue: “Que yo tengo esto… que yo tengo aquello”.
Me la hacían llorar.
Yo no tengo para el Nubeluz, María Paula”.

Oíme, yo prefiero que no le falte útiles durante el año a la nena.
Eso es la crianza: una cosa ú la otra.

16
(Recorre ahora el otro hemisferio del escenario. No de su cerebro. Eso jamás.)
Doblemos acá, que allá esta esa, y nos va a tener hasta las mil quinientas.
¿Qué tal, como te va?

De lejos, viste. De lejos. Puso tan poco para el pozo.
Y mirá la casa que tiene.
El pibe mayor se compró una lancha.
Arístides”, le puso.
¡Farolero!

17
Bueno, la cosa es que Marisa esa mañana
no quería seguir llorando delante de los hijos.
Y… le daba culpa.
No quería amargarlos más.

Entonces agarró la escoba,
(ella que nunca)
y se fue a barrer la vereda.

18
Vos sabés,
siempre que: “Estelita… me salís y barrés”.
Que hay arena, Estelita”.

Esa piba tiene una paciencia.
Un día se va a mandar a mudar.
Se va a agarrar al primero que se le cruce, acordate lo que te digo.

Y sí, ya es grande. Dieciséis para diecisiete.
No sabes cómo desarrolló.
Con otra ropita. Lo bonita que quedaría.
¡Qué picardía!

19
Bueno, barre que te barre, disimulando el llanto.
Ahí: en el porche. En la entradita nomás.
Media tapada por la arena: la ve.

Ella dice que sintió que algo la llamaba.
Delante de sus narices: la den-ta-dura.

20
¿Vos sabés que Roque perdió los dientes en el mar?
Pero sí. Tres veranos atrás.
Si estuvo una semana encerrado comiendo puré,
porque Magadéz tuvo que mandar el molde a Dolores.

El horno…
no tenía no se qué…
Acordate. Una pieza.
Que no había… ¡Qué sé yo!
Los odontólogos. ¿Viste como son?
Torno-y-güita, torno-y-güita.

Pero ¡ay! me pones, nerviosa.
Si vos estabas.
¿Che, nueve meses en la Capital, te hacen olvidar todo a vos?
¿Qué te enseñan en esa Facultad?
¿A desarrollar la papada, nada más?

21
¡Ay! perdoname.
Es que estoy nerviosa.
Ya te dije: es el mate.

El mate, que no tomo.

22
El Roque había estado todo el día al rayazo del sol con las redes.
Y Marisa, tenía miedo que se insole.
Viste como es de cargosa, pobrecita:
Roqueee, andá al agua

Al ratito: “Un chapuzón; Roque”.
A los dos minutos: “¡Viejo, qué agarro un balde, y es peor!

Hasta que lo pudrió, y el otro fue.
De mala gana, ya mal predispuesto.
Que vino una ola, y él por saludarla,
(Era… no te podías pelear con él)
Se dio vuelta,
y claro: el cambio violento de temperatura. Fue un golpazo.

¡Justo en el ciático!
Pero clavado. Ni que lo hubiera calculado.
Es traicionero el mar.

Pegó un grito el Roque, que largó los dientes…
Andá encontrarlos.
¿En la rompiente? Imposible.

Cuando salió estaba empapado,
con el short medio bajo,
pegado,
rojo de impotencia,
cubriéndose la boca,
y pálido por el dolor.

¡Pobre hombre!
Si ni la toalla agarró. Se fue directo para la casa.

Yo entendí enseguida.
Toda la boca para atrás, tenía.
Diez años había envejecido.
En dos segundos: diez años.

Mis chicos lo miraban, le decían:
¿Qué te pasó, abuelo?”.
Porque le decían: “abuelo”.

23
Bueno, Marisa jura y perjura, que son los dientes del marido los que encontró.

¡Mirá si el mar se va a guardar esa porquería todos estos meses,
y se lo va a dejar en la puerta de la casa, para que ella les rece!

¿Vos crees?
Yo le dije que se mande dos Padrenuestros
cada vez que se le cruzan algunas de esas pelotudeces por la cabeza.
¡Y sí!
No me mires así. Es un Sacrilegio.
Yo también lo quería. Pero está muerto el Roque.

24
Ella dice que como murió comiendo,
y el crimen todavía no se esclareció,
el alma está furiosa, (Gesticula) y muestra los dientes.
Se manifiesta así.

25
En una cajita los puso.
Los lavó.
Seguro que te los muestra.
A mí me dio una impresión.

¡Porque por ahí son de otro!

Yo digo: que inmundo el mar, ¿no?
Porque andá saber el tiempo que hace que eso está dando vueltas ahí.
Decí que la sal mata todo.
Pero uno mete la cabeza bajo el agua.
¡Qué antihigiénico…!
Como el mate.

26
Esperate que compro unas flautitas.
Sino esta noche se me arma. Entrá.

(Se detiene. Cambia la luz. Ruido de campanita de la puerta de entrada.)
¿Qué tal, Mercedes… le quedó algo?
– …
Espero.

Los míos no te saben cenar sin pan.
Anoche puse un paquete de Criollitas, y me despreciaron el estofado.
Yo les dije: “Un día de estos, me harto, me mando un pastel del papa y rajo para Ezeiza”.

Pero con lo gordo que está mi marido,
le puedo moler un ventanal de Nuestra Señora de Notre Damme,
que ni cuenta se da, el asqueroso.

¿Los chicos? Bien. Están en judo.
Un cuarto, Mercedes.

¿Serán los dientes del Roque?
Magadéz tiene el molde.
¡Pero mirá si lo vamos a joder por esa estupidez!
Es un profesional.

¿Vos no querés llevar nada?
Mandale esta cremona a tu mamá de mi parte.
Mercedes agréguemela.

Sino algún pescadito la debe estar usando”. Me haces reír.
¡Sos loca!

27
(Una luz cenital cae a su costado. Con pánico.)
¡Marisa! ¿Cómo estás? No te habíamos visto.
– …
¿Hace rato?
(Su cabeza con ruleros empieza a crecer. La angustia de sentirse bocafloja, le incrementa la masa encefálica.)
Justo íbamos para tu casa. Mirá, Lulita como está.
(Macrocéfala, es poco. Aquello toma dimensiones extraterrestres.)
Deshecha. Le conté lo de Roque. Te compré una cremona.
(Robándosela a la amiga. Entre dientes.)
Después te compro otra, nena.

28
¿Magadéz? ¿Qué… lo viste?
– …
¿Y qué te dijo…?
(Apagón. Se oye una explosión. Seguramente el globo encefálico.)

4. FRAZADA
1
Harta de la Cosmiatría, me dedicaré al vudú.
En gran escala plagaré con acertijos las paredes,
los ligustros,
los cielorasos
de cuanto hospitalucho de malamuerte se me cruce.

2
Sí, seré una agazapada voraz.
Una chinche en las pupilas de todos los dotores, y sus medicamentos.

3
Vaciaré la jaula de los penitentes sobre el lecho del río.
Seré sabia y consecuente con mi brazo de escorpión.
Manosearé en tu muerte la lucha de éste, y un nuevo amanecer.

4
Sí, seré el gran partido.
La noche caerá desnuda sobre la torre,
y yo divisaré tu ausencia, que ya no importa.

Tú estarás a dos metros bajo tierra por sobre el nivel del agua tónica,
y yo henchida de infierno y desafío,
castigaré la razón.

5
Estrellaré tus vísceras contra las paredes purpúreas de la victoria.
La venganza es un pájaro enamorado picoteando en tu cabeza.

6
Ofenderé el invierno con mi calentura.
Mudaré mi sexo.
Mis dudas: en lunares,

Y los de-vo-raré.
Los torceré inmunda,
engreída,
engendrada
y atravesada por cartílagos de parafina.

7
No lograrás nunca del todo desvestirme.
Debajo de mi alfombra, hay alcohol.
Y debajo del alcohol: uñas,
para seguir rascando.

8
Callaré.
Llevo un pabellón de enfermos clavados en la frente.
¡Soy la virgen más puta del jardín!
Las arañas señalarán mi alcoba.
Enfrentaré con aires de dama inglesa, el charco anfibio en que me transformo,
cuando tus ojos de paraguayo conceden,
y me miran…
Me miran y me olvidan.

9
Ya ves,
sólo soy una boluda envuelta en una frazada de hombres.

5. TODOS LOS BESOS LLEGAN A LA ORILLA
(Con un brazo vendado, aguarda en la pista de despegue.)

1
No quiero bañarme solo.
No concibo el wash and go, sino es acompañado.
El solo hecho de imaginarme único entre espumas,
me lanza al precipicio.

Es para mí fundamental
la presencia de un congénere al momento de enjabonarme las axilas.

Acepto y comprendo, la existencia de hombres y mujeres
a los que esta imperiosa necesidad
les resulta indiferente.

Lejos de mí, habita la voluntad de catequizar
sobre los extraordinarios beneficios de este hábito.
Pero qué egoísta resulta no acudir a sus reclamos.

Desesperado, me he visto obligado a las proezas más innobles.
En pos de lograr tan raso objetivo he sabido inscribirme en Centros de Ejercitación (Todos, y tan en boga por estos días).

Yo, que he sido siempre un acérrimo detractor de la poca estimulante actividad física, he deambulado por los gimnasios de esta gran ciudad.
Para llegado el momento querubeo, retirarme a las duchas.

Esto no ha sido, claro, la solución.
Ciertas confusiones me han traído no pocas medallas.
Aprovechándose de una preponderada osamenta he sido penado.
Luego de haberme ingenuamente expresado,
al ver a un partenaire con dificultades para enjabonarse el espinazo.

Yo, con mi esponja de coco natural, la he deslizado… puramente.

¡Salvajes!
Caído en el piso, entre golpes intentaba explicar mi verdadero hambre.
Pero a los puñetes, se le sumaban patadas.
Y hasta me avergüenza decirlo: escupidas.

2
No siempre he sido desdichado, debo aclarar.
En más de una oportunidad, el amor me ha traído, junto a su mágica experiencia, el oasis mejor soñado.

Pero mi higiénica necesidad, nace junto con cada mañana.
Y el amor, ya sabemos,
es apenas una oportunidad de saltar el abismo, de tanto en tanto.

Mi afán no conlleva carga sexual.
Quién confunda esto no será capaz de distinguir una tortícolis del cuello de una jirafa.

Desgraciadamente, el género al que pertenecemos, es capaz de los más pérfidos pensamientos.
Nunca. Jamás he tenido intención de abusar de la confianza de mis eventuales y empapados compatriotas.

Lo mío reside medularmente, (y nunca mejor elegido el adverbio), en haber comprendido la sinuosidad de la Obra Divina.

He investigado, analizado el campo de acción. No permitiré que se me reduzca al mote de improvisado. Las coordenadas de mi ansia han transformado mi saber: el Supremo nos ha trazado a partir de un inaccesible dorso.

La escasa longitud y curvatura de nuestros antebrazos
hacen anatómicamente imposible enjabonar la espalda,
sino la ajena. ¿Donde sino allí, se oculta El Eterno?
¿No es acaso, imprescindible la sombra, para que la fe nos ilumine?
La obra encumbra, purifica, lustra y perfuma.

Aún así, debo tomar maletas.
Partir sanitario dónde hambre y miseria, no han detenido la elevación.
Y la hermandad es acompañada, por fin, al jabón en barra.

Sí, El Ganges. El baño comunal de los Hindúes en el Ganges.
Hacia allí amanezco.

(Suena llamada de aviso de la Aerolínea.)
Cargo el pecado.
Arrastro mi costal de roña.
Atrincherado de inmundicia y deshecho,
seré liberado en aguas de ceniza.

Limpiarán de mí. Y yo, de ellos.
Desaparecerá la membrana impar.
Abocado al enjuague de otros, renaceré.

Compartiré el nuevo amor.
Con la piel a cuestas,
brotarán espacios que la memoria hubo empetrolado.

Seré nativo, puliéndome.
Los ajenos serán próximos;
y fregado,
habré hallado por fin, mi enzima.

(Canta, antes de subir a su avión.)
Que el amor relinche y se escurra por los acueductos
y viaje, y llegue hasta los Arrecifes,
y continúe, y tiña y purifique.
¡Un mar de leche!
¡Un mar de leche!

Y los cocodrilos salten a saludar la nueva ola
y salpiquen montañas agitando sus colas
y construyan estrellitas en el firmamento
¡Dios tendrá celos de nosotros!

Toda completo,
de costado,
con el fémur, enjabonado.

Detener el sueño,
para despertar,
enamorado.
Enrojecer a los espejos,
enjabonado.
Alimentarme de collares,
enamorado.

Para colgarme de ese cuello
e intentar ser dos.
Uno y dos, enjabonados
enjabonado, enamorado, enjabonado, enamorado,
enamorado, enjabonado…

Todos los besos llegan a la orilla.
Y no pica.
(Sale su avión.)

6. NO MEZCLA GATO CON BALLENA
1
Una enorme porción de tierra fue avistada esta madrugada en nuestro orgulloso Támesis.
Una clandestina pasea su discurso impune.
Con escafandras, detecta el Parlamento su misión.

Oráculo imposible del descaro.
Augurio sumergido que amenaza.
Nuestras hélices sabrán impartirle justicia.

Con una sonrisa inaceptable circunda,
el ángel desnudo, su juicio por el río.

Convertirla en alimento para gatos.
Enlatarla.
Trozarla en góndolas.
Venderla en los supermercados del Reino.
Un ejemplo para quienes intenten fomentarle migrañas a nuestra Majestad.

De horrible tamaño,
de silencio aceitunado.
Es seguro que lleva un turbante sobre la giba.
Desvergonzada revolotea las nalgas sobre nuestras de vidirieras.

La paz galesa ha sido interrumpida.
No disturben a la Reina.
Salen los ingenuos, con sillas plegables por verla carcajear.
En Buckingham calculan embucharla a fin de año.
¿Qué esperpento se atreve a despertar la paz coliria de nuestros jardines?

No es un cuento de niños, sino un bote con dientes.
La Reina será pequeña, pero no es sorda.
La ballena está aquí.
La bestia inaudita.
La porno iraquí.
La ballena terrorista.

2
Estamos a merced de una meretriz entrada en carnes.
Esa obesa.
Mátenla. Trae un anuncio.
Su malicia no cabe en siete metros.
Seremos feroces con el arpón.
Una mordaza clavada a mitad del lomo.
¿Qué pueden significar cinco onzas de aceite menos en las balanzas del Imperio?

3
Alfabeto acuático.
La ternura zambullida en paranoia.
La última sirena.
No advierte.
La borrarán de Londres.
La vergüenza será acribillada en un túnel.

Lo llamaran accidente,
desgracia.
Porque es nuestra la policía.
Acatarán silencio, a cambio de imperiales bonos a fin de año.

Una prostituta.
Aquí no flota más que felicidad, que quede claro.

4
Los gatos malcriados de la Reina rasguñan celosos a mayordomos y niñeras.
No vaya nuestra soberana a encariñarse con el cetáceo.
Nuestros berrinches la cautivan.
Lanzamos maullidos capaces de hipnotizarla.
Somos el espejo divertido de la piratería.

Todo nos pertenece.
Por encima, y por debajo.
Lo que en altura es cielo, y lo que invisible nos empapa.
Aquí Dios se llama Lord, y justicia: cat.

Gatos maleducados.
Reina vieja, y gatos celosos.
Una ballena entrometida
Sin linaje, ni apellido.

¿Cuántas toneladas pesa eliminarla?
Dinamita.
Nitroglicerina.
Un saco de explosivos.
Un gasto menor en forma de torpedo.

Un gesto precioso.
No tiembla la mano de la suegra al arrinconar a su rival.
La princesa.
La ballena enamorada.
En una curva será extraviada, con saña.

Le bajaremos el pulgar.
Farfullaremos duelo a media asta.
A carcajadas lloraremos por la BBC.

5
Pero la memoria cada noche se estrella en la almohada de Isabel.

7. CHIKOFF EN VUELO A KALINGRADO
(Con acento suave y ruso.)

Salvavidas, mascarilla, y coqueta gorra impermeable.
1957 fue año estupendo para Compañía.
Habían instalado un sonar en cada gorrito.

Los tripulantes entregaban en mano a los pasajeros de clase primera el equipo completo de salvataje.
Colores vivos, patrióticos y finamente combinados.

La gente chechena es muy aplicada, cuando no se la masacra.
Pero no hablemos de cosas feas, que se nos cortará la sopa crema.
El apio es muy reconfortante.
Solicito que agradezcamos a Küdo por habernos traídos estos estupendos adminículos.
(Aplausos.)
Küdo con diéresis sobre su u,
como un coronita distinguiendo a este eximio intérprete lírico,
que con cariño desmedido,
los ha conservado desde aquél traumático accidente.

Durante 19 noches,
estas preciosuras fueron sus únicas amistades en el Mar Báltico.
Y que ahora, tan gentilmente posa para nosotros María Eva.
Eva. Nombre de criatura Edénica.

Y ¡oh! estas líneas…
Me sonrojo al leerme con tan inquieta caligrafía.
Es usted un dotado, mi querido Küdo.
Esta esquela (sin ningún valor literario) recuerdo habérsela enviado a usted
cuando ofreció por vez primera su concierto en Fa bemol,
un mes y medio después de su rescate en estas Pampas adoradas.

Todos recordemos esta noche la gesta de Dudayev Airlines,
y su representante, mi padre
el Conde de Chikoff.

¿Qué tal el pâté, mi querido?

8. EL CASTO JOSÉ
(La inocencia perfumada en lentes. Sentado en Sala de Preembarque.)

JOSÉ: Voy a encenderme y perder el celibato en un avión.
Nunca me tocaron ni toqué a nadie.
Porque soy casto. El casto José.

Perderé mi virginidad a doce mil pies de altura.
Mi sexo tierno como un durazno será mancillado lejos del suelo.
De la pecaminosa tierra.

Un alejamiento preciso.
La medida exacta de una fracturada posibilidad.
Mi elevación será sublime y colorada.
Haré escala en el Aeropuerto Internacional de Punta Cana.
Volaré con destino certero.

Los asientos 16-j pasillo, y 16-k ventanilla serán mis perpetuos recuerdos.
Nunca un caballo despegó sus patas fabulosas de la siempre pradera.
Yo me elevaré hasta ser una jirafa.
Un bienteveo.

Danzaré con copiloto.
Con permiso de Torre Control.
Con instrucción de salvataje.

Después de la cena,
opípara cena.
Durante la película, seré un trueno.
De golpe: una llamarada.

Me sumiré por fin en lo desconocido.
Será la voz de una azafata que me incite a hacerlo.
De un tirón,
de un baldazo.

Seré feliz,
poderoso.
Raudo en un vuelo eterno.
Elevado, insisto.

¡Qué placer la ventanilla!
Y la hebilla del cinturón que se me incrusta en los riñones.
¡A quién le importa!

A los que duermen, nuestros gemidos magníficos
los harán entrar en Alfa III.

Y si alguien,
algún avispado pasajero,
por azar, nos espiase:
¡Qué merienda se dará luego con sus amigotes!

Seré nuevo.
Me marcharé gastado por el mostrador de preembarque,
y llegaré a destino recién estrenado.

Con un mundo por hacer.
a regalar bombones de nuevas experiencias.
(Señal de embarque.)
Oigo,
oigo ya a las sirenas.
Convidando.
Silbándome bellas melodías.

¿Cómo se escapa del laberinto?
AZAFATA: Para arriba, José.
para arriba.

9. PALOMAS DE HULE
1
Un rinoceronte en el beso de un flamenco.

Travestis con acento en la ingle,
y la virginidad ahogándose bajo una estola.
¡Bajen los vidrios!
Travestís en pan flauta.

Noches de psicodelia, y sonrisa Yolly Bell.
Travestis calabreses,
húngaros, eslovenos.

Travestis de pura cepa.
Racimos indeclinables de travestis.

Cantejondo travestí.
La cocina travestí de Blanca Curie.
Matrimonio travestí en San Bernardo.

Bogotá y su típico baile travestí.
Galletas travestís con mermelada.
Sotanas en remojo travestí.

Primer Congreso Panamericano de Alfombras travestinas.
Amor felpudo.

2
Es preferible callar a depilarse.

Moneda travestí en Banco Galicia.
Caciques travestíes.
Maipú veintitres cincuenta y uno, San Justo. A metros de Doña Ponce. Costurera.
Monumental Moria en todas las paredes.

Emporio Travestí.
Pagina dorada de travestís.
Deuda inconsolable de travestís.

Travestís finamente gasificados.
Travestís en el hall central,
debajo de la eñe.

Travestis con pie derecho.
Conejos travestis.
Antiparras travestis.

Sala en lo Penal y Travestí.

3
Travestis de entrada, y plato principal.
Travestis frescos,
jugosos.
Travestis de estación.

Pequeños travestis salteados al ajillo.
Agente secreto travestí.
Detergente travestí del Paraguay.
Recurso de amparo transexual.

El ABC en la germinación del poroto travestí.

4
Niño travestí en salida de baño.
Animales de mandíbula travesti.
Matemática travestida.

Demasiado maquillaje. Too much make-up.

Fiesta delatada de travestís.
Aurora travestí.
Travestí de su casa,
en cachiporra de mano.

Cascada de travestís.
Almohadones asesinos de travestís.
Chacarera travestí.
Sueño enamorado de travestís.

5
García Lorca travestí.
Gerardo Romano y su grupo moderado de travestis.

Molécula.
Corazón travestí.
Muerto por hacerse las nalgas con aceite de avión.

Velorio T.
Siglos de lucha.
Permanganato travestí
Centro y excedente.

Envoltorios sumamente travestidos.
Pluma izquierda en mano derecha.

Travestís alabados.
Sean travestís y tres cuartos.

Boca prensil travestí.
Andamios para subir y arrojar travestis.

Carne tatuada de cordero.
Travestis a la mesa.

Misa de trabucos.
Red carpet travestí.

Compañía de gas El travestído.
Cuadrilla de operarios con travestí.

6
Travestis a la page.
por la mitad.
Travesti en cuerpo y alma.
Travesti autor.

Travesti end.
Travesti Dior.

Travestis B
Un pesebre de mariquitas.

El rubor debajo de María, con la obscena perfección de la distancia.

7
Ristra de travestis acalorados.
Antonio Gades y su Compañía Destaque de Travestís.

Lámina doble de una vieja TV Guía.
Mamá travesti.

8
Trinidad y Travestís.
Mamboretá travestí.

Anestesia travestí.
Contingente de travestís inconformistas.

En el Tigre hay seis travestís.
En Groenlandia: lleno de travestís.
En el Metropilitan de Nueva York: obivio que hay.

Carapachay es notablemente travestí.
Cuando das vuelta a un escarabajo, encontrás uñas de acrílico.

9
Sin pestañas: travestí clásica, de cóctel.
Antropología de travestís.
Chocolatrav.

Bob esponja travestí.
Travestí in troubles.

Rastrillaje de travestí en la peatonal.
Puteada travestí.
Irrupción travestí.
Mochila travestí.
Prisión travestí.

Travestí evangélico y procesado.
Corazonada travestí.
Hígado travestí.
Papada travestí.
Tumba travestí.

10. BIJOUTERIE
(Recitar a la mayor velocidad posible. La lengua rozándonos los talones.)

1
Quiero una puerta en Portugal.
Una portería con oporto.
Una porquería,
un poroto.

2
Frida frita la foca.
Frida frita la foca.
Una fase franca de fragancias fofas.
La franquicia de Franz Kafka,
de Benjamín Franklin.
El frágil fraude de Víctor Frankestein
Fracasó francófono
fronterizo,
fagmentado,
fraguado.
Fray Mocho y Freddy Mercury se frotan el Fair Play.
¿Y el Frepaso? ¡Qué Federal de fresas, French!
¡Qué frescos estarán los freudianos en aquél buffet froid!
¡Cuánto fritolimp!
¿Y los filtrados que se habrán frotado frente a la fuente de frutas,
de frijoles,
de frula?
Frondizi!,Frondizi.
Usá Frondizi para frenar.
Firmé.

3
Lanata anota la nota.
Notable, nítida.
Las antenas atónitas atinan a Tognetti.
El antónimo de Antonio temió tanto.
Atendeme, ¡tendinitis tenía!
Tantanián, también.
Trentuno terminó tendido.
Tomó tinto-tetrabrick- tequila- torrontés:
Titilaba.
Tentado entonaba: “¡Tomemos Trinidad y Tobago!”
Tántricos tontos,
torcidos tanáticos,
tilingos todos.
Tienen las tetas de Tina Turner en tarros.
Tampoco el tamaño era Tandil.
Trombones y tamboriles, les tenían el tiempo tomado:
Telepatía.
¿Tenés tarjeta?
¡Taxi!, ¡Taxi!
Anotá.

4
Graciela se graduó gratis.
“¡Gracias, Gándara!”, gritaba la groncha.
¡Qué grasa!
Los granaderos agrupados arengaban groserías a Greenpeace
“Un agrónomo no agranda la grela”, grampaban.
La grilla de los gringos engrosaban las gárgaras de la gárgola.
Una malasangre…
¡Agria engreída de Groenlandia! Grotesca.
Granos grandotes sin garantizar.
Grumos negros, grises.
El gremio agradeció el grillete.
Granuja largá la grapa, las grageas, gruesa de gruyere.
Me agrada Praga.

5
Socolinsky.
Bailando con Norman Briski
Tomándose un whisky, por un cuadro de Kandinsky.
¿Pero quién es Nijinsky?

6
¡Me abruma Brahms!
El brazo de la Bruzzo: un bremer.
Braga, embriagada de braguetas, bramaba:
“¡Bravo! ¡Bravo! ¡Brandys, brebajes y branquias!”
Lo que bregamos con Brigitte.
Sea breve, Labruna.
Abróchese bretel, matambre.
Bruta brindaba en braile con un brío.
Broadway.
La Bristol, nuestra brocha del británico,
Bromatólogos vibrabantes con una bronca.
Un brote.
¿Qué Brad Pitt?
Una bruja.
Una brisa a brócoli.
¿El brigadier?
Un brazalete ebrio.
Un bracero.

Abreviando:
¿el bridge? un bodrio
break a las bromas,
brinco.
Un abrazo.

11. BÉSAME MUSLO
– Para eso Dios te ha dado el libre Albertario.
– Entonces me bajo en Albedrío y José María Moreno, y Santas Pascuas.
– ¿Qué tiene que ver Biassatti en todo esto? Siempre mezclás todo.
– Eso, media hora en el horno. Y la cuchara que sea de madera.
– Una madera cada cuatro horas. Cuando Santo dejo la teta, el pediatra me lo dijo: “Ojo con los fantasmas en la pantalla“. Por eso nos colgamos de Direct TV.
– Hay que ver como cuida su salud, tu marido.
– “Los ojos son salados“, siempre me dice.
– Lo que lloró cuando dejó la teta. Un océano. Y eso es salado.
– No, es de Jujuy. Se dice salteño.
– Sal tengo. Lo que me prohibió el médico es el azúcar.
– A Cipe Lincovsky la prohibieron en el ’76 y jamás puso en pie en Salta. Consta en la biografía de Bertolt Brecht.
– En casa, nunca la leímos.
– Estuvieron mal.
– No, en judo. Una gripe, nada más.

FIN DEL ACTO UNO

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